jueves, 22 de marzo de 2018

ESPERPENTOS DIARIOS. 24. Haciendo amigos


Hay días en que dejas de creer en el ser humano y piensas que es la incapacidad intelectual la que se deriva de estas situaciones, incapacidad acompañada del mal disimulado complejo de inferioridad. Muchos sabemos lo difícil que es, la mayoría de las veces, comprender el vocabulario administrativo. Eso no es problema cuando hay funcionarios que atienden con corrección e incluso con simpatía, pero ¡oh, mundo cruel!, nada es lo mismo si tropiezas con una antipática loca que te grita:
- ¿Es que no sabe usted leer?
- Sí, sí, sé leer pero no comprendo esos términos. Me piden un número y hay varios en esta escritura de propiedad, de modo que no sé cual de ellos es.
- ¡Pues lea el documento completo! ¡Lea su escritura!, gritaba la histérica impaciente.
Viendo que el aturdido “cliente”, no encuentra el número en cuestión, le señala con un picudo dedo airado un párrafo, gritando al mismo tiempo:
- ¡Ese es el DNI de su propiedad! ¡Ahí lo tiene!
Miro el párrafo y veo “tomo tal, libro tal, sección cual, folio …, inscripciones tal y cual, no sé qué del arbitrio", etc., etc. Muchos números que además no coinciden con otra anotación posterior. ¿Cuál de ellos elijo? Con el mismo dedo airado con el que señaló el párrafo, podía haber señalado un solo número y ahí hubiera terminado la conversación.
- Señorita –le digo con esforzada humildad-, si yo le preguntara qué es un sintagma o qué sabe usted del Modernismo o si alguna vez ha oído la palabra “serendipia”, tal vez tuviera dificultades para contestar. Yo tengo dificultad de comprensión con el vocabulario administrativo. No lo entiendo.
Molesta por la contestación, sin mirarme siquiera, echa una ojeada al reloj, coge al vuelo su abrigo y se larga. “Ah, comprendo –pienso-, la han machacado toda la mañana y se ha desahogado conmigo”. Un chico joven que había estado oyendo desde su mesa la esperpéntica conversación,  se acerca al mostrador.
-Por favor -le digo-, la loca gritona de tu compañera que, antes de empezar a atenderme ya me ha anunciado el precio del documento que solicito, me ha dejado tirada ¿Puedes ayudarme y decirme qué número me piden en este apartado?
El joven (me pareció que se sentía avergonzado) no solo me explica lo que significa el vocabulario del párrafo sino que me indica,  y para siempre, cuál es el número que debo poner.

Vuelvo a creer en el ser humano.

jueves, 8 de marzo de 2018

Estereotipos de personajes femeninos literarios

Siglo XXI:
Varían los estereotipos de personajes femeninos en la Historia de la Literatura
Podríamos hablar de prejuicios: valoramos de modo distinto a los hombres y a las mujeres, idénticos proyectos tiene distinta valoración si los firma un hombre o una mujer, siempre en perjuicio de la firma femenina. En este mismo sentido, podríamos comentar cómo se denomina “novela de mujeres” a la protagonizada o escrita por una mujer y cómo cuando es a un hombre a quien se atribuye lo escrito, la valoración es que escribe “sobre el ser humano”. No en vano la relación de jerarquía superior del hombre, se marca desde el origen de los tiempos, incluso dentro de la ficción narrativa: en la mitología grecolatina Minerva nace del muslo de Júpiter, la primera mujer de la Biblia, Eva, fue creada a partir de la costilla de Adán.
A pesar de que el punto de partida es el Día Internacional de la Mujer, no voy a desarrollar en esta reflexión nada acerca de las mujeres escritoras, ni de las mujeres Premio Nobel, ni de los sinónimos tras los que muchas se han ocultado. Simplemente un repaso de las mujeres protagonistas, en estricto orden cronológico, cuyo papel en la ficción es un eco de la realidad, unas se caracterizan por su fuerza, otras por su maldad, otras por su sumisión, algunas enigmáticas, pero todas ellas relevantes y representativas del entorno social que las rodeaba, hijas de su tiempo contra el que unas se rebelaron, otras se dejaron someter, o del que escaparon a través de su imaginación.

Los personajes femeninos de la antigüedad grecolatina son un retrato del alma.
Electra, caracterizada como símbolo de la lealtad femenina en tres famosas tragedias griegas: Las Coéforas, de Esquilo; la Electra de Sófocles y la Electra de Eurípides. Está dotada de una excesiva conciencia familiar, con un fuerte significado como madre, como hermana y como hija. Los trágicos acontecimientos que vive, la afectan hasta convertirla en un ser ofendido y enajenado que oscila entre el odio infinito y el perdón.
Yocasta, reina de Tebas, en la tragedia Edipo rey, de Sófocles. Se suicidó cuando descubrió que su marido era su propio hijo. Ha dado lugar al complejo de Edipo, usado en el Psicoanálisis.
Antígona, hija (y hermana) de Edipo y Yocasta, en Antígona, tragedia de Sófocles. En ella se enfrentan dos nociones del deber: la familiar, caracterizada por el respeto a las tradiciones religiosas y la civil que se refiere al cumplimiento de las leyes del Estado.
Medea, en Medea de Eurípides. Terrible tragedia que provoca una mujer seductora e inteligente como reacción a la traición de su marido. Exalta los valores femeninos y defiende la condición femenina:
De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo”.
Helena, esposa de Menelao, causa de la Guerra de Troya. Homero en la Ilíada, la caracteriza como un modelo de virtudes que representa el ideal femenino de la nobleza griega. Su extraordinaria belleza despertaba deseo en todos los hombres.
Penélope de Ítaca, en La Odisea, de Homero. Es símbolo de la fidelidad conyugal que mantuvo a raya a sus pretendientes mientras Ulises estaba de viaje.
Scherezade, en Las mil y una noches, de autor desconocido (serie de cuentos medievales de origen árabe). Es esposa del sultán Shariar, a quien cuenta un relato cada una de mil y una noches para evitar su muerte y ganar el amor del sultán.
(h.1307) Beatriz, en La divina comedia, de Dante Alighieri. Considerada como manifestación e instrumento de la voluntad divina, es la guía que conduce a Dante a través del Paraíso.
(1476) Alison de Bath, protagonista del cuento “La esposa de Bath” recopilado en Los cuentos de Canterbury. Geoffrey Chaucer cuenta la historia de una mujer dominante, obscena y de voraz apetito sexual, de fuerte y controvertida personalidad que hace una declaración sobre el derecho al control de su propio cuerpo, atacando las tradiciones antifeministas de la época.
(1499) Celestina, en La Celestina de Fernando de Rojas. Personaje trascendental, manipuladora de las conductas de los demás personajes porque conoce las dolencias del cuerpo y las debilidades del alma .
(1585) La pastora Gelasia de La Galatea de Cervantes. Es famoso su soneto en defensa de la libertad. Concluye el terceto:
          Del campo son y han sido mis amores,
          rosas son y jazmines mis cadenas,
          libre nací, y en la libertad me fundo.
(1605) La pastora Marcela de Don Quijote de la Mancha, lucha por la libertad en un mundo que se la niega por razón de su sexo. Dotada de gran belleza física, se niega a contraer matrimonio con quienes la cortejan, eligiendo libertad de pensamiento y de acción.
(1605) Dulcinea del Toboso, en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, (1605) de Miguel de Cervantes Saavedra. Es la dama, objeto de amor creado por el caballero don Quijote.
(1595) Julieta Capuleto, en Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Protagoniza un amor prohibido que desencadena la tragedia.
(1605?) Ofelia, en Hamlet, de William Shakespeare, sometida a la obediencia paterna.
(1606) Cordelia, en El rey Lear, de William Shakespeare. Ingratitud filial. Es uno de los personajes más trágicos, representa la represión femenina por parte de los hombres.
(1603) Desdémona, en Otelo, el moro de Venecia, de William Shakespeare. Muere asesinada por los celos de Otelo.
(1611) Miranda, en La tempestad, de William Shakespeare. Es utilizada por el hombre colono para acaparar la atención del aborigen y someterlo. En la misma obra, Claribel es la figura femenina objeto de transacción comercial
(1630)  Doña Inés, en Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. “Ángel de amor”, mediadora entre Dios y el mundo.
(1776) Carlota, en Las penas del joven Werther de Goëthe. Ideal femenino del Romanticismo: esposa, madre, ángel del hogar, que vive la tragedia de un amor imposible.
(1787) Justina, en Justina, o los infortunios de la virtud; del marqués de Sade. El propio título nos da una idea del sometimiento del personaje.
(1813) Elizabeth Bennet, en Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.(1813). Una especie de heroína, un nuevo tipo de Cenicienta.
(1815) Emma Woodhouse, en Emma, de Jane Austen. Por su educación malcriada, manipula a quienes le rodean, ocasiona numerosos enredos y situaciones embarazosas.
(1831) Esmeralda, la gitana; en Nuestra señora de París, de Víctor Hugo. Representa el papel de “mujer fatal”.
(1847) Jane Eyre, personaje que da título a la novela de Charlotte Brontë, complejo, fuerte e inspirador. Es una joven huérfana, institutriz en la casa de un poderoso por el que se siente fuertemente atraída.
(1847) Cathy Earshaw, en Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Su personalidad ambiciosa y dominante dio lugar.a que los lectores de la época la rechazaran. Su carácter malvado la hace extraordinaria.
(1848) Marguerite Gautier, en La dama de las camelias de Alejandro Dumas (hijo). Mujer irresistible, lleva una vida de lujo en el París de mediados del XIX. Renuncia a su vida mundana para morir en soledad por un gran amor, imposible, que le conduce a un final trágico. Verdi se inspiró en el personaje para la ópera La Traviata.
(1850) Hester Prynnem, de Nathaniel Hawthorne, protagonista de La letra escarlata, ambientada en la puritana Inglaterra del siglo XVII, condenada en vida por haver dado a luz a un hijo bastardo, se las arregla para sobrevivir con fuerza y dignidad y romper con las costumbres de la época. Sin duda, una historia que refleja las injusticias hacia la mujer y su valentía para rebelarse.
(1857) Emma Bovary, creada por Gustave Flaubert y protagonista de Madame Bovary, es un controvertido personaje que, enajenada y aburrida, concibe la realidad como no es. La lectura de novelas la conduce al deseo de querer vivir un sueño que no se cumple y termina en tragedia.
(1862) Fantine, en Los miserables, de Víctor Hugo. Arquetipo de madre que sacrifica su cuerpo y dignidad para que la vida de su hija sea estable. Es el tópico de la “prostituta santa” extendida en la literatura decimonónica. Representa el profundo sufrimiento de las mujeres proletarias, maltratadas en la Francia del S.XIX
(1868) Josephine March, “Jo” de Mujercitas. Louisa May Alcott. Atractivo personaje que se opne a su dstino y adopta posturas masculina porque no puede soportar la vida de las mujeres de la época. Joven inteligente, fuerte, impulsiva y apasionada por la escritura.
(1869)  Natasha Rostova, en Guerra y paz, de León Tolstoi. Su meta es encontrar al hombre de su vida, cree en el amor y su ingenuidad da lugar a numerosas dificultades.
(1873) Anna Kareninna, en Anna Kareninna, de Lev Tolstoi. Magníficamente retratadas, las convenciones sociales de su tiempo asfixian a la heroína y destruyen lo que parecía un amor  verdadero, dando paso a la tragedia.
(1879) Noraen Casa de muñecas,(1879) de Henrik Ibsen. Descubre que ha pasado de la tutela del padre a la del marido y de que no es una buena madre. Constituyó un escándalo. Símbolo de los derechos de la mujer.
(1880) Nana, en Nana, de Émile Zola, protagonista de la novela, representa el contraste entre la ingenuidad y la crueldad sin escrúpulos. Perteneciente a la rama bastarda de la familia, se ve influenciada por los defectos de la herencia genética.
(1885) Ana Ozores, La Regenta de L.A.Clarín. Víctima de un matrimonio sin amor y carente de educación para desarrollar una vida propia. Proyecta un conflicto, el enfrentamiento entre la vulgaridad que arrasa toda su vida y un ideal inalcanzable.
(1886-87) Fortunata y Jacintaen Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós.  Triángulo amoroso y magnífico cuadro de costumbres.
(1886) Tránsito es el nombre de la novela de Luis Segundo de Silvestre que nos muestra una mujer diferente, “una campesina inteligente e ingenua de corazón” y su trágica muerte.
(1889) Asís Taboada, Marquesa de Andrade, en Insolación de Emilia Pardo Bazán. Novela transgresora porque aborda el doble rasero de medir para hombres y mujeres. Desnuda esa sociedad patriarcal de hombres aparentemente progresistas, dispuestos a apoyar la causa feminista solo de palabra y cuando no les afecta a ellos.
(1925) Clarisse Dalloway en La señora Dalloway, de Virginia Woolf. Su mundo ordenado y gris resulta vencedor frente a su mundo interior incómodo, por lo que guarda las apariencias.
(1928) Lady Chaterlay. El amante de Lady Chaterly, de D.H. Lawrence. Novela que causó fuerte escándalo por sus explícitas escenas sexuales. Constance, la protagonista, representa el notable cambio que están experimentado las mujeres. Los años 20 son años de liberación de la mujer, que se incorporaron al mundo laboral y dejaron de ser el “ángel del hogar”.
(1928) Orlando protagonista de la novela que lleva su nombre, de Virginia Wolf, aborda críticamente temas considerados tabúes en su época, como el papel de la mujer dentro de la sociedad machista y dentro del mundo literario, sector reservado solo para hombres. Es una fantasía basada en pasajes de la vida de la escritora Vita Sackville-West, su amante.
(1929) Doña Bárbara, en Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Es el personaje central de la novela que lleva su nombre, escrita por el venezolano Rómulo Gallegos. Representa a una mujer dominante y violenta, que vive cruelmente  rodeada de maldad y superstición, en un mundo bárbaro. Ella misma se deja llevar por el instinto y el ansia de poder en todas sus acciones tendentes a vengarse de los hombres a quienes considera responsables de su dolor y su tragedia.
(1936) Scarlet O´Hara, en Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell. Peripecia vital de una mujer del sur, en plena Guerra de Secesión, que sirve de hilo conductor de la epopeya de una nación. Transgredió las normas sociales, la sociedad sureña no le perdonó que fuera libre e independiente y manejaba los negocios como un hombre.
(1936) Bernarda Alba, en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Retrata la España de principios del XX en la que la sociedad era muy tradicional y la mujer ocupa un segundo plano. Enfrenta el fanatismo  religioso y la intolerancia, al deseo de libertad de sus hijas, especialmente Adela.
(1937) Karen Blixen, protagonista de Memorias de África. Personaje real de este libro de memorias de Isak Dinesen, seudónimo literario de la escritora danesa Karen von Blixen-Finecke. Es un mujer independiente, con extraordinarios atributos para administrar su plantación de café  en África y relacionarse con los nativos cambiando las relaciones coloniales de la época.
(1944) Andrea. Nada, de Carmen Laforet. Los ojos de Andrea observan desencantados la nada. Hambre y ausencia de esperanza  en la España de posguerra.
(1955) Lolita, personaje de la novela del mismo nombre, escrita por V. Nabokov. Novela perturbadora que representa el enfrentamiento entre puritanismo y libertad. Da pie a reflexionar sobre la hipocresía social.
(1954-55) Eowyn de Rohan, en El Señor de los Anillos, de J.R.R Tolkien. Se describe como una bella doncella guerrera y valiente, dispuesta tomar las armas antes que a realizar labores domésticas.
(1958) Simone de Beauvoir, protagonista de la autobiografía Memorias de una joven formal muestra cómo es posible romper con las normas establecidas. Reivindica a la mujer reconociendo su identidad propia, y rechazando la definición (madre, esposa, hija, hermana) que tradicionalmente se le viene atribuyendo.
(1959) Bridget Jones, en El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding. Es una mujer que vive sola, se mantiene con su trabajo en una editorial, habla sin tapujos de quienes le rodean y protagoniza situaciones realmente divertidas.
(1963) “La maga”, en Rayuela, de Julio Cortázar. La Maga es la negación de las lecciones aprendidas por las niñas adoctrinadas en la idea de ser madre y esposa y guiarse por la conducta virtuosa. Muestra un desorden en su vida, procedente del fracaso de las leyes al uso en ella.
(1982)  Cellie, en El color púrpura, de Alice Walker. Es una víctima oprimida de quien abusan física y emocionalmente. Siente que es mejor sobrevivir que luchar y arriesgarse a  morir pero llega un momento que se levanta dispuesta a pelear.
(1989) Tita, en Como agua para chocolate, de Laura Esquivel es la hija menor y conforme a la tradición familiar, debe renunciar a casarse para ciudad la vejez de su madre. Siente una fuerte rebeldía, en esta circunstancia, pero solo consigue mantener viva la esperanza de conseguir la libertad d amar y vivir su vida.

SIGLO XXI
De esta larga lista deducimos que la imagen de la mujer ofrecida en la literatura, es la  mujer como objeto, una imagen de mujer distorsionada, bien como esposa y madre, bien como mujer fatal y excepcionalmente como mujer fuerte, rebelde y luchadora.
 Las mujeres de los libros del siglo XXI dejan de ser putas, madres, esposas, amantes. Pero también dejan de ser harpías, hechiceras, encantadoras de serpientes, embaucadoras. O por lo menos, cuestionan el contenido con el que se rellenaba el baúl de la feminidad “ (según palabras de la escritora Marta Sanz).
(2000) Las protagonistas de Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite, muestran el desencanto, la desilusión de sus vidas que en nada se parecen a lo que ellas habían esperado. Este desencanto no impide que proyecten una nueva forma de vida. La novela refuerza el mundo femenino y las dos protagonistas se refieren sin temor a lo que han vivido por razón de su sexo.
(2002) Lisbeth Salander, en la saga Millenium, de StiegLarsson. Es un personaje feroz, que vive bajo sus principios y reglas propias.
(2016) Las trabajadoras de un salón de té, en Tea Rooms de Luisa Carnés, una escritora de las “sinsombrero” de la Generación del 27 que en esta novela social, situada en los años treinta, retrata a mujeres con un salario precario, sin expectativas de ningún tipo, acostumbradas a cerrar la boca ante el padre, el marido, el jefe. Nos acerca a la realidad  de las mujeres españolas del siglo XX.
Tenemos antecedentes de mujeres luchadoras, como hemos señalado en las anteriores referencias, que rompen con los tópicos que vinculan a la mujer con lo doméstico, con la oposición virgen / puta, con las heroínas, las sometidas, las cenicientas y un largo etcétera. Los personajes femeninos del siglo XXI se apartan de estos tópicos. Unos cuantos buenos ejemplos:
Soledad con sus sesenta años y el miedo a la vejez en La carne (2016) de Rosa Montero, el personaje de Almudena y sus aversiones en El genuino sabor (2014) de Mercedes Cebrián, los afectos en Las efímeras (2015) de Pilar Abdón, la carga de la culpa en Mala letra (2017) de Sara Mesa, la mujer que se objetualiza en Cicatriz (2015) también de Sara Mesa, la precariedad de las trabajadoras en La trabajadora (2014) de Elvira Navarro, la mirada femenina hacia la violenta realidad de Euskadi en Mejor la ausencia (2017) de Edurne Portela, la violencia que afecta a las mujeres en Piel de lobo (2017) de Lara Moreno, la precariedad de las trabajadoras culturales en El entusiasmo (2017) de Remedios Zafra, la experiencia del cáncer en El desconcierto (2017) de Begoña Huertas.
Son nuevos personajes femeninos que conforme la mujer se emancipa,  se alejan de los tópicos tradicionales, se van haciendo más complejos y acordes con las nuevas lectoras que no se identifican con los antiguos modelos. Estas nuevas protagonistas no están siendo vistas solo por la mirada masculina, ni definidas solo por su relación con los hombres (esposa, amante, musa, madre…), ni mueren trágicamente.

¡Nuevo siglo, nueva literatura femenina!

martes, 27 de febrero de 2018

ESPERPENTOS DIARIOS. 23. La eterna picaresca española

Pillería de algunos menús

Algunos restaurantes de calidad media-alta, han echado mano de los menús para acaparar comensales a diario. Es lógico elegir un menú atractivo por un precio discreto. Eso exactamente es lo que me ocurrió hace unos días. Un grupo de cinco personas nos animamos a ir a comer a un local céntrico, con buena reputación. 
El menú constaba de dos entrantes, un segundo plato, postre y una bebida. Para el segundo plato podíamos elegir entre carne o pescado. Elegimos pescado, concretamente “lubina al horno” y nos sorprendió el contenido del plato. Constaba de tres piezas colocadas sobre tiras de pimientos crudos, dos medias cabezas, cortadas por la línea en la que la pescadería las tira a la basura o las ofrece para hacer una sopa; la tercera pieza era media cola que constaba de la aleta propiamente dicha y dos o tres centímetros de carne. Había desaparecido toda la parte central de la media lubina.
Pedimos explicaciones y se nos respondió que no nos quejáramos porque no nos habían dado media lubina sino ¡¡tres cuartos de la misma!! No lo podíamos creer. ¿Nos estaban tomando el pelo? Y cuando nos dimos por ofendidos, el responsable de sala explicó que ya había hablado con el cocinero, que había más personas que se habían quejado de lo mismo y que lo sentía mucho.
Como compensación nos invitó a pasar otro día para invitarnos a una caña y una tapa ¿Pueden creerlo? Hubiéramos esperado otra cosa, algo como por ejemplo "Enseguida les traigo un plato con los lomos que faltan, cuánto siento la equivocación" o algo similar.
Declinamos la invitación y desde luego nos borramos como clientes de semejantes pillos. Lo que más me molesta de estos tipos es que consideren que el cliente es imbécil y no solo quieren engañarle sino que aportan disparatados y absurdos argumentos para defenderse de su sinvergonzonería. En esos momentos solo dan ganas de darles un puñetazo en los morros. He dicho.

domingo, 10 de diciembre de 2017

ESPERPENTOS DIARIOS. 22. El viacrucis y la bolsa "hijadeputa"

Navidad en puertas. Estamos en plena época de compras y me refiero solo a las que se adquieren en un supermercado. Nada me parece bastante y cargo productos de los más dispares que, no sé si se llegarán a consumir todos, se estropearán o se perderán, olvidados en rincones de la despensa o del frigorífico.
Justo cuando estoy más animada y feliz porque he ido llenando hasta arriba, poco a poco, el carro de provisiones como si no hubiera un mañana, empieza mi particular viacrucis. Vuelvo a sacarlas una a una y a depositarlas sobre la cinta de la caja del supermercado (primera estación), cuidándome de agrupar lo pesado con lo pesado y lo ligero a un lado para que no se aplaste, pero corre más la cinta que mi mano y al final se revuelve todo. Es entonces cuando me percato de que me he pasado, “si yo solo venía a por un par de botellas de cava” –piensas. Cuando la compra ha pasado por el control de la caja, devuelvo al carro todas las provisiones agrupadas en bolsas sin orden (segunda estación), y todo mi ser se percata de la equivocación de haber cogido un carro cuyas ruedas no giran bien. Me rompo la espalda intentando conducirlo hasta el coche, ayudándome de la cadera, de los inexistentes músculos de brazos y piernas, empujando el carro hacia adelante y tirando de él hacia atrás,  y siento cómo me va subiendo un huracán rojo de mal humor. ¡Premio!, al final he conseguido llegar al coche y descargar toda la compra en el maletero (tercera estación). Devuelvo el carro que sigue con las ruedas atascadas. Enciendo la radio del coche para aliviar mi ánimo y conduzco un poco atropellada hasta llegar al garaje. Al fin aparco en una plaza que hasta ahora no me había parecido que estuviera tan lejos de la puerta del ascensor y empieza de nuevo un trasiego más (cuarta estación) de bolsas, uno, dos, tres viajes, con los brazos reblandecidos por el peso. En ese trayecto comienza la bolsa “hijadeputa” a llamar la atención. Es la que más pesa, la que lleva un par de botellas que no se tienen en pie y se vuelca, una y otra vez o, caprichosa, se dobla escondiendo una de sus asas para ponerme a prueba. El traslado se convierte en un auténtico festival.
Consigo llegar con todas las bolsas a la puerta del ascensor, con el ánimo ya un poco violentado, es decir, con un cabreo monumental al recordar que me dijeron “¿Quieres que te acompañe” – “No, no hace falta, voy a por cuatro cosas de nada”.
El ascensor abre generoso sus puertas y de nuevo a transportar bolsas al interior (quinta estación). A media carga se cierran estas malditas puertas automáticas que siempre te pillan, alguien lo ha llamado y entonces, con una mano en la tecla que impide que se cierren y otra estirada hacia las bolsas, consigo arrastrar casi todas hasta dentro, pero la bolsa "hijadeputa" se vuelve a volcar, se sale una de las botellas que rueda lejos de mi alcance y no me queda más remedio que tirar otra vez de las bolsas hacia afuera, arrastrándolas con una mano  –si se dejan- de dos en dos. Me salgo del ascensor. Insulto airada a la bolsa "hijadeputa", recojo la botella con una rabiosa patada, a punto de romperse y vuelvo a empezar la operación, llamando de nuevo al ascensor.
Esta vez consigo meter todas las bolsas (sexta estación), llegar al rellano del piso y, cuando estoy con la mitad de bolsas dentro y la mitad fuera del ascensor, vuelven a reclamarlo otra vez y. obediente a la llamada, intenta cerrar sus puertas. Estampo el bolso, que cuelga pesadamente del hombro y dificulta la reiterada tarea de carga y descarga (séptima estación) para ir más ligera, y la bolsa "hijadeputa" vuelve a esconder una de sus asas, se vuelca de nuevo y la botella sale alegre rulando. Quiere hacer un reconocimiento de su nuevo domicilio. No puedo hacer nada para evitarlo, la botella va directa a las escaleras, las baja salvajemente en su libertaria aventura, explota como si de una bomba se tratara y el cava burbujeante celebra anticipadamente su brindis con las escaleras.
Me vuelco con prisa en la nueva tarea, recojo los cristales, fregona en mano saco brillo a los peldaños bañados y continúo con la labor iniciada: desde el descansillo meto en la cocina (octava estación) las bolsas que esperan su turno pacientemente en la puerta del piso y, una vez dentro, intento (novena estación) colocar su contenido, inútilmente, porque la despensa es pequeña y el frigo ya estaba ocupado. Parte de la compra se queda esparcida sobre la encimera.
No puedo ni llorar. A mi personal viacrucis le faltan, por suerte, cinco estaciones que esta vez no voy a recorrer aunque ello me suponga no obtener la indulgencia plenaria que se deriva de completar las catorce de que consta.
Dejo tirada la bolsa "hijadeputa" en el suelo de la cocina, al lado de las otras, cojo una lata de cerveza y pongo la televisión. Ya veremos cuándo paso a recoger.